jueves, 19 de abril de 2012

50 años desde El primer Programa de TV es España (Pequeño error)



Las primeras imágenes vivas y en directo que transmite TVE fueron las de la Santa Misa, desde un altar allí instalado, oficiada por monseñor José María Bulart, a la sazón capellán de Franco en El Pardo y párroco del Buen Suceso, solar de una de las primeras y escandalosas grandes especulaciones urbanísticas del Madrid contemporáneo.



La locutora, Luz Márquez, maquillada por el cinematrográfico Goyo, repetía en un rincón las brevísimas frases de su prevista intervención. Junto al estudio que, siendo único, lucía en su puerta orgullosamente el rótulo de «Estudio 1», un chiscón con barra de poco más de dos metros cuadrados, atendido por la familia Montes, servía de espera, café en mano, para Vicente Llosá, Pedro Amalio López, Alfredo Castellón... y otros pocos nombres que lamento no conocer.
Pronto llegó el momento del primer y divertido trompicón de TVE. La locutora, la citada Márquez, debía anunciar: «A continuación les dirige la palabra el excelentísimo señor ministro de Información y Turismo, don Gabriel Arias Salgado». Al verse apuntada por la cámara, la pobrecilla llegó a decir «a continuación». Sólo eso. Salió corriendo y no se volvió a saber de ella. Fue, como acuñó Antonio Fraguas -hoy Forges-, que pronto se incorporaría como operador de telecine, un «esborcio», palabra que sigue siendo de generalizado uso, y práctica, en las televisiones españolas.

Habló Arias Salgado sobre la importancia de la televisión como factor de cultura y entretenimiento y le sucedió en el uso de la palabra quien era director general de Radiodifusión -no de Televisión-, Jesús Suevos, a cuyo cargo estuvieron las emisiones previas, experimentales y eventuales. Suevos era un viejo falangista, culto, a quien se debe en buena medida la calidad personal y profesional de la primera promoción de trabajadores de la casa. Pérez Puig, por ejemplo, era ya premio nacional de Teatro -por sus estrenos de Miguel Mihura y Alfonso Sastre- y todos los demás tenían oficio probado en alguna disciplina y una gran curiosidad por lo que todavía algunos, como el gran sociólogo del momento, Juan Beneyto, decían estar «más cerca de la Física recreativa que de la Comunicación propiamente dicha».